20082017Dom

revista g

16 Abr 2014

Gonzalo Anes y Alvarez de Castrillón.

Publicado en Biografías

ANES Y ÁLVAREZ DE CASTRILLÓN, Gonzalo. Marqués de Castrillón (I). Trelles,
concejo de Coaña (Principado de Asturias), 10.XII.1931 – Madrid, 31.III.2014.
Catedrático de Universidad.


Hijo de Alejandro Anes y Pérez del Pato y de Magdalena Álvarez de Castrillón y
Fernández Labandera. Su padre, de estirpe hidalga por sus cuatro abuelos, nacido en la
pequeña localidad de Trelles, contrajo matrimonio allí con una dama descendiente de
una de las casas —la de los Álvarez de Castrillón— más antiguas y linajudas del
Occidente asturiano. Del matrimonio nacieron seis varones. Gonzalo Anes fue el tercero
de los seis. Su madre, con notable sensibilidad natural, imprimió una huella profunda en
el temperamento y en la educación básica del niño. Cursó —en Navia y Avilés— los
estudios de bachillerato, en tiempo récord. En 1952, se matriculaba en la única facultad
de Ciencias Económicas existente en España, la de Ciencias Políticas y Económicas sita
en Madrid. Allí entró en contacto con los mejores profesores de Economía y de Historia
Económica que por entonces enseñaban en la Universidad: Valentín Andrés Álvarez,
José Castañeda, Manuel de Torres y Alberto Ullastres. Eran profesores muy
competentes, los cuales establecían rigurosos filtros en aras de la buena formación de
sus alumnos. El estudiante Gonzalo Anes no desaprovechó la ocasión de familiarizarse
con los conocimientos brindados por estos docentes que le ofrecían en la joven facultad
madrileña. Alberto Ullastres brillaba por su capacidad de síntesis y por el novedoso
método —para entonces— de desplegar ante sus alumnos los conocimientos históricos.
Prescindía de nombres de reyes, batallas y fechas, presentando procesos temporales
exentos de enfadosas exigencias memorísticas, tanto como, en general, de valoraciones
subjetivas. Valentín Andrés Álvarez ofrecía el armazón elemental de la teoría
económica, además del rico material, tan formativo para un economista, que constituye
la Historia de las Doctrinas Económicas, denominación que adoptaba por entonces la
disciplina de Historia del Pensamiento Económico. De Castañeda y Torres, tomó el
método analítico del primero y la agudeza e ingenio en su uso y aplicación a situaciones
del mundo real español, característica del segundo. Terminó la Licenciatura en Ciencias
Económicas en la madrileña Universidad Complutense, en 1957, en la que, en 1966,
alcanzó el grado de Doctor en Ciencias Económicas con una tesis titulada La
agricultura española en el tránsito del Antiguo al Nuevo Régimen.
Terminada la licenciatura, viajó a París para ampliar sus conocimientos. En el
curso 1959-1960, en la Sorbona, estudió el joven licenciado con los profesores Ernest
Labrousse, Fernand Braudel y Pierre Vilar. Pierre Vilar acababa de escribir una tesis
sobre La Catalogne dans L'Espagne Moderne que suponía una forma innovadora y
atractiva de acercarse a esta parte de la Historia de España, lo cual no dejaría de suscitar
la atención del estudiante español. De Labrousse le llamó la atención, además de la
brillantez expositiva, el método utilizado para el estudio de la evolución de precios y
salarios en el siglo XVIII francés que habría de servirle de modelo en su tesis doctoral
en ciernes. Además, el futuro historiador español admiró la interpretación histórica de
largo alcance que sostenía Fernand Braudel en su obra La Mediterranée et le monde
méditerranéen a l'époque de Philippe II. Por entonces, acudían numerosos historiadores
extranjeros al seminario de Braudel atraídos por la fulgurante luz de la interpretación
del maestro francés. En París, acumuló el recién llegado abundante experiencia
investigadora en archivos y bibliotecas en los que trabajó con acopio abundante de
información, la cual, por cierto, nunca llegó a utilizar en su totalidad.
Equipado con este bagaje de conocimientos, vuelve a Madrid y se incorpora a la
cátedra de Luis García de Valdeavellano quien, a la sazón, deseaba formar discípulos en
la capital de España como había hecho en Barcelona. Fue grande la influencia que
ejerció Luis García de Valdeavellano sobre el historiador Gonzalo Anes, especialmente
por su conocimiento de la Alta Edad Media, en la que se interesó el discípulo guiado
por el maestro, lo que dejó una huella duradera en la formación del joven historiador.
Fue bajo el magisterio de Valdeavellano como Anes emprendió la investigación sobre el
crecimiento agrario español en el siglo XVIII. Acudiendo a los antiguos libros de
cuentas que se conservan, pudo formar series de diezmos de cosechas, y de otras
variables, tal como habían hecho Hamilton y Labrousse. Sobre esta base cuantitativa y
utilizando la teoría económica de David Ricardo, consiguió analizar el crecimiento
agrario del siglo XVIII sobre un telón de fondo de presunto estancamiento en la centuria
anterior. Utilizar la teoría económica para entender el comportamiento de la realidad
recogida en los datos sistemáticamente elaborados constituía, por entonces —año
1966—, una novedad en el quehacer de los historiadores españoles. Con el título Las
crisis agrarias en la España moderna el trabajo vio la luz en la Editorial Taurus. En
1970 obtuvo el premio del mismo nombre.
Durante algún tiempo, ejerció Gonzalo Anes como profesor ayudante y luego
profesor adjunto en la madrileña Facultad de Ciencias Políticas y Económicas. En 1967,
obtuvo por oposición la cátedra de Historia Económica Mundial y de España de la
Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Santiago. En 1968, se celebró la
oposición a la misma cátedra de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad
de Madrid en la que tuvo éxito. En la cátedra madrileña, profesó largos años hasta
alcanzar la edad de jubilación. Finalmente, fue nombrado profesor emérito, ejerciendo
como tal durante el período legalmente establecido. En el curso 1975-1976, estuvo
vinculado al Institute of Advanced Studies, de Princeton. Fue en la paz de este centro
donde diagnosticó con mejores armas teóricas yacentes en la teoría económica
convencional los fenómenos que otros entendían en clave marxista. Tal sucedió con la
explicación de la llamada depresión del siglo XVII.
En efecto: en su nuevo programa de investigación, Gonzalo Anes criticó la
interpretación del siglo XVII, cómodamente asumida por los historiadores. Compartían
muchos el diagnóstico de la centuria como un siglo de decadencia económica de
España. Observando el descenso del número de habitantes en determinados núcleos
rurales, el abandono de aldeas y alquerías y hasta el cierre de talleres y telares
artesanales, con el consiguiente paro rural, inclinábanse sus colegas a caracterizar la
centuria del seiscientos como un siglo de depresión notable. Esta interpretación fue
cuestionada por Anes. Al editar los Memoriales y Discursos de Francisco Martinez de
Mata, escritos a mediados del siglo XVII, se hallaba insatisfecho con la plañidera
descripción que este autor hacía de la despoblación rural y la inmigración de
extranjeros, inducida por los altos salarios de los menestrales y demás atractivos
existentes en villas y ciudades. La mera contemplación de campos en proceso de
despoblación y ciudades, como Madrid, en proceso de crecimiento no autorizaba —
señalaba Anes— a diagnosticar lo observado como una depresión, ni menos aún como
un escenario de decadencia o atraso económico. Las gentes emigraron desde las tierras
de mala calidad hacia las ciudades o villas en las que esperaban conseguir mejores
niveles de bienestar. Estos movimientos poblacionales estaban alentados no solo por la
esperanza de alcanzar mayor prosperidad, sino, además, por el empuje, o efectoexpulsión,

de los bajísimos niveles de vida prevalecientes en las aldeas que dejaban
atrás. Las conclusiones de este análisis no se hicieron esperar: en el siglo XVI,
habiéndose desplazado el margen de labranza, las mayores superficies labrantías
alcanzaron a alimentar mayores poblaciones, aunque pagando el coste inevitable de la
caída de los rendimientos por la extensión precisamente del margen de cultivo a tierras
peores. La extensión de las tierras labrantías, a costa de la oferta de pastos, traía,
además, como consecuencia, el retroceso del número de cabezas de ganado. Tal era el
panorama a finales del siglo XVI, lo que originó, en el XVII, un reajuste económico con
el consiguiente nuevo equilibrio propio de un proceso que condujo a abandonar el
cultivo en las tierras de peor calidad, disminuir su frecuencia en las demás y a disponer
de mayores extensiones de áreas de pasto.
Así, pudo explicar este fenómeno como un proceso de racionalidad económica
en el que los labriegos respondían a los incentivos de los alicientes esperados en las
ciudades más florecientes de España y en los negocios al otro lado del mar, atraídos por
la extracción de metales de las ricas minas de México y Perú.
Al tratar de los reajustes en España comenzó a hallarse insatisfecho con las
lecciones que sus colegas extraían de los indicadores cuantitativos por ellos elaborados.
A Gonzalo Anes le parecía que no era posible entender la economía española en los
siglos XVI al XIX sin tener presente la unidad que formaba España con la América
virreinal. Utilizó un indicador, el grado de urbanización, para valorar el crecimiento
económico en Indias durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Parte del hecho conocido de
que, en la América precolombina, no había verdaderas ciudades, salvo Tenochtitlan, la
antigua ciudad de México, y cuyo abastecimiento podía hacerse por transporte acuático.
Las grandes edificaciones existentes en otros ámbitos eran centros ceremoniales
rodeados de aldeas. Los medios de transporte, sin la utilización de ruedas y con las
llamas como animales de carga, no permitían las concentraciones urbanas. Mostró
cómo, de unas 230 ciudades fundadas hasta 1580, con unos 2.000 habitantes, como cifra
media, se pasó a 330 cincuenta años después, con una población que se había
multiplicado por más de tres entre esos años, pues la población media de ellas era ya de
5.000 habitantes. Señaló también que el número de ciudades aumentó durante el siglo
XVIII, con núcleos urbanos que alcanzaban, a comienzos del siglo XIX, los 160.000
habitantes, como la ciudad de México, 80.000 La Habana, 50.000 Lima, y Santiago de
Chile, la Puebla de los Ángeles, Caracas y Buenos Aires alcanzaban cifras iguales o
superiores a ésta. Pudo comparar el grado de urbanización en los virreinatos de Indias,
con los de la América anglosajona y de la Europa desarrollada, para concluir que
ninguna de las ciudades de Estados Unidos, a comienzos del siglo XIX, podía
equipararse en carácter urbano y en sus edificaciones a la capital de la Nueva España, a
la Puebla de los Ángeles, a Veracruz, a La Habana, a Lima, a Buenos Aires y a otras
urbes de la América hispana. Sólo las de la Europa desarrollada podían admitir la
equiparación. También mostró, valiéndose de las cifras del Producto Interior Bruto, en
los virreinatos a comienzos del siglo XIX, que el nivel alcanzado en vísperas de la
independencia no se volvió a alcanzar, en las repúblicas que se formaron, hasta los años
1865-1875. Las conclusiones a que llegó son las que siguen: las grandes diferencias
económicas y culturales de hoy entre la América española y la anglosajona (Estados
Unidos) se generaron a partir de las guerras de independencia y de la desintegración de
los virreinatos. Desde entonces, y muy frecuentemente en el siglo XX, las repúblicas
hispanoamericanas no gozaron de regímenes parlamentarios estables ni rigieron con
continuidad en ellas principios constitucionales que, como en Estados Unidos,
asegurasen el respeto a la propiedad privada y a que hubiera una justicia independiente
aseguradora del cumplimiento de los contratos.

En diciembre de 1998, Gonzalo Anes fue elegido director de la Real Academia
de la Historia. Planteó enseguida que se desarrollase un proyecto, presentado meses
antes a la Corporación. Se trataba de que la Academia organizase los trabajos
pertinentes para hacer el gran Diccionario Biográfico Español, tan necesario para los
investigadores y para quienes se interesasen por la historia. En sesión solemne celebrada
el 18 de febrero de 1999, a la que asistió el Presidente del Gobierno, José María Aznar,
Gonzalo Anes, como Director de la Academia, volvió a plantear la necesidad de que se
hiciese en España un diccionario biográfico equiparable al que ya tenían las naciones
más importantes de Europa. El entonces presidente Aznar prometió hacer todo lo
posible para que la Academia pudiese contar con los recursos necesarios. El 21 de julio
de aquel mismo año, se firmó un convenio con el Ministerio de Educación, Cultura y
Deporte por el que éste se comprometió a entregar a la Academia ochocientos millones
de pesetas, distribuidos en ocho años, con el compromiso de la Academia de tener
terminado el Diccionario en diciembre del año 2008. Gracias a la dirección científica de
Gonzalo Anes, y a haber sabido organizar todos los trabajos necesarios, el Diccionario
se completó en el plazo previsto. Las acciones conducentes a culminar el Diccionario
Biográfico Español dirigido por Gonzalo Anes, son quizá las más importantes de su
biografía reciente. A esta dirección, cabe añadir cuanto ha hecho a favor de la
Academia, tanto en lo relativo a aumentar su patrimonio y recursos anuales, como en la
acción cultural y científica desarrollada por la Corporación, abriéndose al público
mediante ciclos de conferencias y publicaciones. En lo relativo a los recursos allegados
a la Academia, fue de la más alta importancia descubrir que Leopold Lippman tenía
acciones y depósitos bancarios en el extranjero. Gracias a las averiguaciones e
intervención de don Gonzalo Anes, fueron localizados los depósitos bancarios y las
acciones y transferidos a España.
La dilatada trayectoria docente e investigadora no impidió a Gonzalo Anes el
desempeño de muy diversos cargos en distintos organismos y empresas como los
siguientes: consejero del Banco de España —designado en 1980 hasta 1989—; miembro
de número de la Real Academia de la Historia (elegido el 2 de junio de 1978), y su
director (desde diciembre de 1988); director, durante los años 1966-1989, de la revista
Moneda y Crédito; miembro de diversas asociaciones (Asociación de Historia
Económica Internacional, Asociación Española de Ciencias Históricas, Centro de
Estudios de Política Exterior, Fundación Duques de Soria —de la que fue
vicepresidente—, Sociedad de Estudios del Siglo XVIII, Patronato de la Fundación de
la Fábrica Nacional de la Moneda y Timbre, Patronato del Museo del Prado —del que
fue presidente desde abril de 1986 hasta julio de 1990—, vocal de la Junta de Gobierno
de la Fundación Príncipe de Asturias. Ha sido consejero de Fomento de Construcciones
y Contratas, así como de Repsol, Cementos Pórtland, y Cementos Alfa. En los consejos
de administración de esas empresas encontró el profesor Anes la oportunidad de
ejercitar su acrisolada capacidad asesora como economista.
En 1967, obtuvo el Premio Taurus. En 1995, recibió el Premio Nacional de
Historia por su obra, El siglo de las luces, y en el año 2006, le fue concedido el Premio
de Economía Rey Juan Carlos. Es doctor honoris causa de las Universidades de Oviedo
(1982) y de Alicante (1998). Se hallaba, además, en posesión de la Gran Cruz de
Alfonso X el Sabio y de la de Isabel la Católica, concedidas en 1999 y en el año 2002,
respectivamente. Es Officier dans l'Ordre des Palmes Academiques (16 de julio de
1993), y, en 2009, recibió el Premio Jaime I en la modalidad de Economía. Fue
caballero de Justicia de las Órdenes Militares de Malta y de Santiago. Por Real Decreto
de 8 de abril de 2010 se le concedió el título de Marqués de Castrillón para él y sus
sucesores.

MANUEL JESÚS GONZÁLEZ Y GONZÁLEZ

Biografía extraída del Diccionario Biográfico Español, vol. IV (Amador de los Ríos y Serrano –
Arcas Sánchez), Madrid, Real Academia de la Historia, 2009, págs. 318 – 324.

Corresponsal

Consejo de redacción de Ría del Eo

Sitio Web: riadeleo.com

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