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revista g

19 Feb 2012

Los uniformes de 1809 a 1811

Publicado en Historia

En diciembre de 1808 arriba a La Coruña el transporte Harmony trayendo a bordo las tan ansiadas prendas para vestir a las tropas asturianas, cuyo cargamento es trasladado a Asturias en barcos de cabotaje (uno de ellos, al parecer, llamado Racoom). El suministro es desembarcado en el puerto Gijón un mes más tarde y consistía en:

«4.000 vestuarios de paño [rojo] completos, con gorros, penachos y demás surtidos en proporción.»[1]

Sin lugar a dudas, la remesa de vestuario anterior corresponde al ofrecimiento realizado el 24 de agosto de 1808 cuyos uniformes, compuestos de casaca roja, chaleco y pantalón blanco (o gris según se cita en algunas remesas), son los que aparecen consignados en la relación del 30 de agosto de 1808 para ser embarcados con destino a Asturias. En una nota de diverso material, pertrechos y vestuario solicitado a Gran Bretaña, fechada en Oviedo el 6 de febrero de 1809, en la que, naturalmente, se incluyen los 20.000 uniformes que formaban parte de los 24.000 anteriormente solicitados, se expresa que los 4.000 vestuarios restantes, que habían sido ofrecidos por separado, ya se encuentran en Gijón.

Aunque en ninguna de las consignaciones relacionadas se especifica la tonalidad del collarín y vueltas de la casaca, se especula que éstas podrían ser azul oscuro por ser el color reglamentario del cuello y bocamangas del uniforme básico británico (color también observado por las tropas reales), igualmente hecho extensivo al vestuario de las unidades de servicio o guarnición en la América británica, entre otros, el Real Regimiento de Nueva Escocia [1801] y Milicia de Québec [1803]. El galón de sarga que guarnece los ojales de la botonadura, bocamangas, carteras, cuello y hombreras, parece ser que es totalmente blanco, es decir, sin la estrecha franja del respectivo color regimental[2].

Tras la recepción de los 4.000 uniformes anteriores ―que supuso un enorme alivio para paliar la extrema necesidad de vestuario que padecían las tropas de la guarnición de Asturias― se pudieron vestir, justo a tiempo, aquellos regimientos que estaban próximos para salir a campaña.

En efecto, tras el descalabro sufrido por la división Acevedo en Espinosa de los Monteros en noviembre de 1808, algunos regimientos que regresaron a Asturias ―muy reducidos por las bajas sufridas y la dispersión de muchos de sus efectivos― recibieron, mediante sorteo realizado por la Inspección del Ejército, uniformes de color rojo de procedencia británica recibidos en Asturias entre los meses de enero y febrero de 1809. De estos cuerpos, los que más beneficiados salieron con el vestuario antes aludido fueron aquellos que constituyeron la División del Eo –la mejor provista de todo– puesta bajo las órdenes del general D. José Worster e integrada por los regimientos de Pravia, Lena, Salas, Grado, Llanes, Fernando VII, Navarra y medio batallón del 2º de Voluntarios de Cataluña, reforzado éste con dos compañías del de Castropol. En esencia, dicho uniforme se componía de casaca roja, chaleco blanco, pantalón de lienzo y chacó del tipo 'stovepipe' (tubo de chimenea) o, en su defecto, gorro de manga.

Precisamente, cuando las tropas de la división de Worster se dirigían desde Ribadeo a Mondoñedo con el objeto de sorprender a la guarnición francesa allí establecida, estando próximas a Mondoñedo se hizo correr el rumor, al ir vestidas con prendas de origen británico, que se trataba de una división de infantería inglesa.

Aparte de los cuerpos antes mencionados, los regimientos que, en mayor medida, también se vieron favorecidos con este vestuario fueron, parece ser, los del Infante D. Carlos, Cangas de Onís e Infiesto y, en menor proporción, por lo exiguo de sus plantillas, los de Siero, Ribadesella, Gijón, Luarca y Navia (algunos no superaban los 150 hombres por haber entregado parte de su fuerza a otros cuerpos más necesitados). Los de Avilés y Colunga, prácticamente no existían y por lo que respecta a la Guardia de Honor de la Junta[3], todo parece indicar que, en principio, conservó el uniforme privativo del Regimiento de Hibernia (ahora denominado Infante D. Carlos), cuerpo del que procedían los efectivos que componían dicha Guardia. En 1809, con la nueva organización dada a la unidad ―que ahora queda formada por dos compañías, una de españoles (sacados en su mayoría del regimiento de Fernando VII y otra de extranjeros (procedentes del Hibernia)―, parece ser que también les fueron suministrados vestuarios de la remesa traída por el Harmony. En ninguno de los casos anteriores, la cantidad de uniformes distribuidos superó la cifra de los 3.500 vestuarios completos.
Entre los meses de febrero y marzo de 1809 se recibe en Gijón una nueva remesa de prendas de vestuario, compuesta de 6.240 pares de medias; 7.500 camisas (1.500 de franela y 6.000 de lienzo); 6.996 pañuelos de cuello y 6.600 prendas de cabeza. Este envío corresponde a una donación del Comité Cívico de Londres destinada a los asturianos.

Respecto a los restantes 20.000 vestuarios de paño color verde y paño inglés de color azul (ofrecidos por W. Huskinson el 27 de agosto de 1808 y cuyo envío fue anunciado por J. Barker el 11 de octubre de 1808), éstos fueron traídos a España por el transporte Tigre[4] pero este buque, por causas desconocidas, retorna a Inglaterra sin dejar tan valiosa carga, por lo que el 6 de febrero de 1809 se vuelve a reiterar la solicitud a Gran Bretaña. Por fin, el 7 de abril de 1809 el Tigre sale para el puerto de Gijón con los 20.000 uniformes anteriores, ahora consignados «para La Romana».

Parece ser que parte del cargamento traído por el buque británico fue trasladado a la pinaza "Santa Teresa" y a otra embarcación para conducirlo hasta el puerto de Figueras (Castropol) para ser entregados a una parte de las tropas asturianas destacadas en la parte occidental del Principado.[5] El 17 de mayo de 1809 estos dos buques parten del puerto de Gijón con derrotero a su destino pero, debido al fuerte vendaval reinante en el Cantábrico, se ven obligados a buscar refugio en la ensenada de San Juan de Nieva (Avilés) en donde, después de amainar el temporal, son apresados el día 19 por fuerzas enemigas auxiliadas por paisanos armados, cuyo cargamento es entregado, para su custodia, a la guarnición francesa de Avilés.[6] Precisamente, en la noche del día 19 de mayo cuando el Tigre, después de dejar tan preciada carga, pretende zarpar para zafarse de las tropas de Ney ¾que ya se encontraban a las puertas de Gijón¾ , al verse sorprendido por la bajamar, no puede salir del puerto y es hundido por la propia tripulación para impedir la captura por los franceses, pese a lo cual el 22 de junio, libre ya de enemigos la villa de Gijón, se logra reflotar el buque.

Con el objeto de suplir la pérdida de los uniformes anteriores, la Junta de Sevilla envía en sendas gabarras una partida de vestuario de procedencia británica, cuya remesa llega al puerto de Gijón alrededor del 17 de junio de 1809[7].

El 1º de julio de 1809 el Mariscal de Campo D. Francisco Ballesteros, una vez reunidas sus dispersas tropas en el Campamento de Contrueces (Gijón), con los regimientos de Lena, Grado, Villaviciosa, Candás y Luanco, Infiesto, Cangas de Tineo, Provincial de Oviedo, Pravia, Covadonga y Castropol, más el de Navarra, reorganiza la división asturiana que, bajo su mando, debería ponerse a las órdenes del marqués de La Romana, General en Jefe del nuevo Ejército de la Izquierda (antiguo Ejército de Galicia).

El 13 de julio el marqués de La Romana solicita el envío de 14.000 gorros para las tropas de Asturias. Le informan que las prendas que pide ya han sido enviadas desde Sevilla.

Aún en fase de reorganización, el 17 de este mismo mes los cuerpos que constituyen la división reciben en el Campamento de Contrueces[8] la nueva uniformidad de procedencia británica enviada por la Junta de Sevilla el mes anterior. Este vestuario, con pequeñas variantes, era muy similar al que prescribía el Reglamento de 1805 para los regimientos provinciales y estaba compuesto de las prendas siguientes:

«Casaca blanca, cuello y vuelta encarnada, forro blanco y botón dorado; calzón corto de lo mismo y gorro blanco con vuelta encarnada»[9].

A juzgar por un botón de la época, en el que se inscribe el nombre «PRAVIA» ―cuya pieza actualmente forma parte de los fondos de un coleccionista leonés―, es posible que en los botones de los demás cuerpos figuraran inscripciones de este tenor, es decir, con los nombres de «OVIEDO»[10], «LENA» (en una sola línea), «CASTRO / POL», «INFIES / TO», (en dos líneas), etc.

En relación con el vestuario de los soldados asturianos, el 29 de diciembre de 1809 D. Gaspar Melchor de Jovellanos en su exposición a la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino, refiriéndose a los esfuerzos realizados por la Junta de Asturias para vestir a las tropas levantadas en 1808, expresa que los veinte regimientos que organizó "... los vistió con los paños y lienzos que requirió de los comerciantes.... »[11]

Si por aquel entonces, tanto los comerciantes como todos los telares del Principado juntos a duras penas pudieron reunir la cantidad de paño suficiente para la confección del vestuario de las tropas que iban a salir a campaña, sorprende, empero, la ligereza con la que Jovellanos precisa tan rotunda aseveración. Las pruebas documentales aportadas son concluyentes en este sentido y hace que resulte difícil atribuir verosimilitud a tal axioma, al menos en los términos generales en los que Jovellanos se expresa, ya que no se ajusta a la realidad y, de haber sido cierto tal aserto, no sería necesario acudir, de forma tan reiterativa, a Gran Bretaña en demanda de paños y vestuarios para vestir a los 24.000 hombres que componían el Ejército español formado en el Principado de Asturias. Flórez Estrada, mucho más acertado que Jovellanos, el 14 de octubre de 1808 había expuesto al cónsul británico en Gijón que solamente se pudo vestir a 1.500 hombres.

Los cuerpos que habían quedado fuera de la división de Ballesteros y que, por lo tanto, permanecieron en el Principado constituyendo su guarnición (Divisiones de Vanguardia y Oriente), estaba compuesta, fundamentalmente, por los regimientos de Salas, Fernando VII, Infante D. Carlos, Gijón, Luarca, Llanes, Navia, Cangas de Onís, Ribadesella, y Siero, los cuales seguían vestidos con la casaca de color rojo, complementándola, indistintamente o según las necesidades del momento, con pantalones de lienzo crudo o de color pardo[12].

Ajada por la acción de los elementos y el propio desgaste de la dura campaña; manchada con el sudor, la pólvora y la sangre de las numerosas heridas recibidas; rota o con remiendos de colores diferentes, pero incólume el honor, la casaca de color rojo, compañera inseparable del soldado de la División de Asturias (guarnición del Principado) durante los años 1809, 1810 y parte de 1811, es abandonada en la primavera del último de los años citados al ser disueltos los cuerpos que tan dignamente la lucieron e integrarse éstos, precisamente en ese año, en unos regimientos de nueva planta que llevan los nombres: 1º de Asturias, 2º de Asturias y 3º de Asturias (en realidad se trataba, al asumir la orgánica dispuesta por Wellington, de tres batallones independientes) y Voluntarios de Asturias que, al estar formado por tropas ligeras, por su propia naturaleza también lo constituía un único batallón.

En efecto, por algunos documentos y testimonios directos de la época, se puede colegir que, entre los años 1809 y 1811, los soldados de la guarnición de Asturias iban vestidos con los uniformes británicos de color rojo. De ello da fe una serie de pruebas documentales que, por su importancia, no nos resistimos a reproducir.

El 30 de marzo de 1810 el general Bonnet, invasor del Principado, hace público en Oviedo un bando[13] que, en síntesis, puede resumirse en el siguiente contenido:

«Nos, el general de división Gobernador de la probincia de Asturias: Considerando que los Gefes de la insurreción han hecho favricar uniformes no conocidos en Epaña antes del 1º de enero de 1809, haciendo uso de ellos para dar a los lavradores una apariencia de tropa, decretamos lo siguiente:

Artículo 2º.- Será considerado como salteador todo hombre vestido con uniforme no conocido en España antes de la insurrección, y castigado de muerte ...»

La directa alusión a «uniformes no conocidos en España antes del 1º de enero de 1809», así como lo expresado en el artículo segundo: «.... todo hombre vestido con uniforme no conocido en España antes de la insurrección...», parece ser que está estrechamente relacionado con el uso de uniforme inglés[14] por parte de los soldados asturianos ya que se refiere ―insistimos― a uniformes «no conocidos [...] antes del 1º de enero de 1809». No se mencionan, no obstante, los primeros uniformes (de color pardo), repartidos a las unidades que partieron de Asturias en el mes de septiembre de 1808, ni tampoco a aquellos otros que fueron entregados en julio de 1809 (de color blanco) a los componentes de la división de Ballesteros que salió de Asturias para unirse en Castilla al ejército del marqués de La Romana.

El bando anterior motivó que, con fecha 10 de abril de 1810[15], el teniente general D. José María Cienfuegos, a la sazón general en jefe del ejército asturiano, replicara desde el cuartel general establecido en Luarca con otro edicto redactado en términos similares. He aquí lo más interesante del aviso:

«Nos, el Capitán general y General en Xefe del Ext.º y Principado de Asturias, Considerando q.e los uniformes q.e usan nuestras Tropas son tan dignos como los q.e usaron los Soldados en la época de Carlos 4º, declaramos lo siguiente:

2º.- Será considerado como salteador todo francés bestido con uniforme no conocido en Francia antes de la Rebolución, y los q.e no se hallen bestidos de encarnado sufrirán la pena de muerte ...»

Como podrá observarse, el artículo 2º del bando del general Cienfuegos es bastante expresivo al aseverar: «... los q.e no se hallen bestidos de encarnado sufrirán la pena de muerte ...», lo que corrobora que dentro de los límites territoriales del Principado de Asturias no se reconocía ―como reiteradamente se viene insistiendo― más uniforme que aquel que no fuese de color rojo. Lo anterior, unido a una copla popular dedicada al Regimiento de Cangas de Onís, viene a confirmar de manera definitiva que, en efecto, la guarnición del Principado vistió exclusivamente el uniforme inglés tantas veces mencionado. La copla del Regimiento de Onís, dice así:

- ¿Qué ye aquello que relluz
por aquella serranía?
- La chaqueta colorada
de Cangues, me parecía.

Mención especial merece aquí aclarar algunas incorrecciones advertidas en una publicación dedicada a banderas, uniformes, emblemas, armamentos, personajes e historias militares asturianas[16]. Su autor, D. Jesús Evaristo Casariego, con más buena voluntad que rigor histórico, determinó incluir la figura de un abanderado del Regimiento de Cangas de Onís ―con uniforme equivocado y diseño de bandera no ajustado al modelo original―. El uniforme en cuestión, de color blanco, con cuello, vueltas y vivos de color azul celeste, jamás fue usado por tal regimiento puesto que, desde un principio y hasta su integración en el 2º de Asturias, el Regimiento de Cangas de Onís vistió la casaca roja de procedencia británica. El aparecer de esa guisa (uniforme blanco y divisa azul) fue debido a un error de interpretación al confundirlo con el Regimiento de Cantabria o 1º Cántabro ―que, al parecer, sí llevaba uniforme de los colores citados―, ya que ambos regimientos ―5 compañías de Cangas de Onís y el Cántabro― son enviados por el comodoro inglés Mends para atacar el 16 de octubre de 1810 la villa de Gijón que se encontraba en poder de los franceses. Al día siguiente, el Regimiento de Cangas de Onís es destinado a proteger el desembarco de la división cántabra de Renovales.

Explicado lo anterior, se consignan otras dos unidades citadas en la publicación de referencia cuyos uniformes, asimismo, presentan varias incógnitas. Por un lado, el texto que describe el vestuario del Regimiento de Llanes[17] ofrece alguna que otra duda sobre su autenticidad, especialmente en lo que al color de la divisa se refiere. La figura, que luce casaca de tonalidad parda, con la variante de llevar calzón o pantalón blanco ―de uso muy frecuente―, se considera totalmente correcta pero (siempre los peros), a juzgar por la descripción de las prendas «de reserva» que constituían el ajuar del valeroso teniente D. Antonio Cancio Donlebún ―que había pertenecido al regimiento de Llanes―, la divisa debería ser de color rojo o grana.

Respecto al uniforme de los Cazadores de Montaña[18], no se conoce tal dibujo pegado al libro «Grado y su Concejo» citado por el autor. El vestuario pardo de la unidad resulta totalmente acertado pero, al tratarse éste de un cuerpo de tropas ligeras, conocido popularmente con el sobrenombre de «argüellinos» en clara alusión al apellido de su organizador (Argüelles), sorprende bastante el color negro de la divisa. Precisamente, en la solicitud de uniformes formulada por D. Álvaro Flórez Estrada al cónsul de Gran Bretaña en Gijón, se insistía en la confección de vestuario pardo con divisa verde (destinados a equipar, posiblemente, a las unidades de Cazadores). Esto puede que no ocurriera así y que la divisa, a semejanza de las tropas ligeras británicas, fuese realmente negra.

Por último, en lo que concierne a la figura del oficial del Regimiento de Gijón[19] ―que aparece vestido con un atuendo de fantasía―, decir que la representación de éste se manifiesta engañosa, ya que el uniforme que luce el citado oficial no ha sido el que vistieron los componentes del mencionado regimiento (por la pertenencia del cuerpo a la guarnición de Asturias, su uniforme lo constituía indefectiblemente la casaca roja). El mural ―citado como fuente para la realización de la figura― no es copia de una pintura anterior, sino que se trata de una obra original realizada en la década de los años cuarenta para decorar uno de los pasillos del Teatro Jovellanos de Gijón. La escena central de la pintura representa a Jovellanos a bordo de una embarcación, al que acompaña, entre otras personalidades, su inseparable compañero en la Junta Central, el general D. Francisco Bernaldo de Quirós, marqués de Camposagrado («mi Pachín», según apelativo utilizado por Jovellanos para referirse a su amigo dilecto), lo que dio motivo, al ir vestido de uniforme ―he aquí el error―, a confusión y creer que se trataba, en efecto, de un oficial del Regimiento de Gijón.

A título meramente anecdótico, se incluye el testimonio de un soldado inglés[20] narrando las circunstancias que se daban entre las tropas británicas durante la campaña de España. Refiere que en el invierno de 1809 cuando una compañía ligera del 28º Regimiento se hallaba en Los Nogales (Lugo), ésta se apropió de algunas prendas de vestuario que transportaban los carros españoles. Una ver vestida con las prendas objeto del expolio, aunque estaba muy bien equipada, aparecía, sin embargo, mucho más diversificada que las demás compañías del mismo cuerpo, al vestir los soldados pantalones o calzones de color pardo, gris, azul, blanco, etc. Expuestos como estaban a la vista del enemigo francés, «debieron pensar que éramos ―según el relato― una mezcla de británicos y dispersos del ejército del marqués de la Romana». Este testimonio, nada exagerado por otra parte, puede darnos una idea bastante aproximada sobre cómo iban vestidas las tropas asturianas durante la campaña del Principado, ya que la apariencia de éstas (muy dadas a la dispersión), es posible que no se distanciara mucho de la imagen que presentaban los soldados británicos en el noroeste de la península española.

Por acuerdo de la Junta Superior de 29 de septiembre de 1810[21] se ordena al vocal Caballero que a la mayor brevedad disponga la confección de 2.000 vestuarios completos bajo las condiciones que están detalladas[22] al precio de ciento sesenta reales por cada vestuario. Igualmente, se acordó que el Intendente curse orden inmediatamente para que en la Vega de Ribadeo se fabriquen 3.000 pares de zapatos, con la expresa condición que han de estar claveteados y cuya entrega deberá hacerse previo reconocimiento de facultativo nombrado por la Real Hacienda.

También, por el mismo acuerdo anterior, se dispone la confección de 2.000 capotes o gambetos de dos tallas, correspondientes a la de granaderos y fusileros, de paño muy fuerte que resista la intemperie. Para este menester, se solicita a D. Antonio Terrero, vecino de Torrebarrio (León), la cantidad de paño necesaria para los capotes, los cuales deben ser con mangas y cuello alto, que se puedan abotonar por delante con tres presillas del mismo paño. Asimismo, se le dice informe acerca del precio total de cada prenda; si hay alguien que quiera acometer la empresa con la seguridad de entregar el importe al contado; que la entrega de los mismos se realizará por remesas de doscientos capotes en cada una, poniéndolos a disposición del 2º Comandante General en Jefe de la provincia y, finalmente, que la entrega del total de gambetos deberá efectuarse a mediados del mes de noviembre.

El 13 de octubre de 1810 se provee al Regimiento Infantería de Grado de camisas y zapatos en proporción al estado de fuerza que presenta[23].

El 26 de octubre de 1810 la Junta Superior reunida en Castropol encarga a D. Antonio Terrero que, a la mayor brevedad y por todos los medios posibles, disponga el acopio de los paños precisos para la confección de los capotes acordada el 29 de septiembre anterior, cuyos paños deberá conducir a Piedrafita de Babia (León), a la consignación del cura de aquella localidad, apremiando a éste que cuando tenga surtido de paños los vaya remitiendo con la debida cuenta y razón a D. Carlos de Caña, residente en Urria, en el concejo de Somiedo para que, desde allí, disponga la inmediata manufacturación de los capotes, para cuyo menester se le enviará una prenda que le sirva de modelo. Al mismo tiempo, la Junta oficia al Intendente para que libre una partida de cuarenta mil reales a disposición de D. Antonio Terrero para la provisión de los paños necesarios[24].

El 2 de noviembre de 1810 la Junta cursa orden al Intendente para que el día 3 remita al Cuartel General todos los vestuarios que estuviesen ya concluidos, así como también de los zapatos que se hallen almacenados, debiendo remitir a la Junta, para su conocimiento, un estado de todas las prendas que se envían. Respecto a la situación de desabrigo en que se encuentran las tropas durante la presente estación, se insta al Intendente que agilice la confección de los vestuarios y disponga que, en el término de ocho días, se encuentren ya terminados otros dos mil pares de zapatos, a los que deberán sumarse los que ya están almacenados[25]. Este mismo día, es decir, el 2 de noviembre, el Comandante General en 2º de las Armas del Principado, desde el Cuartel General establecido en Teverga, dirige un oficio a la Junta exponiendo la extrema necesidad de calzado y vestuario que tienen las tropas de su mando.

La Junta, en sesión del 5 de noviembre de 1810[26], acuerda que cuantos zapatos, vestuarios, capotes, cubre-llaves, cananas y cartucheras se encuentren en los obradores y almacenes respectivos, así como también bayonetas, se entreguen a D. Juan Argumosa, teniente del Batallón de Tiradores de Asturias[27], y al habilitado del Regimiento de Salas para que los hagan llegar al Comandante General en 2º del Principado, para su justa y equitativa distribución entre los cuerpos más necesitados.

Días más tarde, el 9 de noviembre, la Junta vuelve a oficiar al Intendente reiterándole que, en virtud de las quejas expuestas el pasado día 2 por el Comandante General en 2º sobre la falta de vestuario que manifiestan las tropas, remita al Cuartel General mil pares de zapatos; que apresure la remisión de los vestuarios y demás efectos; que active la confección de los demás según la contrata, y que dentro del día remita un estado de todas las prendas que hubiese enviado al Ejército en los últimos tres meses, con expresión de los cuerpos que fueron beneficiados. Al mismo tiempo, oficia al Comandante General en 2º que [la Junta] está impregnada de los mismos sentimientos que él en razón a la desnudez que padece la tropa[28].

En sesión del 13 de noviembre de 1810 se da a conocer el oficio remitido el día 2 por D. Carlos de Caña, en el que da cuenta a la Junta de las disposiciones que espera adoptar ―siempre que le entreguen los paños― respecto a la confección de los capotes decidida el 26 de octubre anterior. La Junta le manifiesta que, según D. Padricio Alvarez del Campillo (cura de Piedrafita de Babia) le vaya entregando los paños, proceda a su manufacturación, debiendo comunicar el importe al que asciende cada una de las prendas para, a su vista, verificar si los que se están confeccionando en la villa de Ribadeo, a un precio de noventa y ocho reales, salen más caros que los que ahora se encargan a él[29]. En esta misma sesión se acuerda solicitar al general británico Walker diversos pertrechos de guerra, así como 2.000 vestuarios y otras tantas cartucheras o cananas para, en parte, poder cubrir la demanda que presentan los cuadros y dispersos de la División de Asturias y que, asimismo, se escriba por separado al comodoro Mends y al comisario White para que, con su concurso, procuren se haga efectiva la entrega de estos suministros. Para la activación y recogida de los efectos solicitados a Gran Bretaña, se da comisión a D. José Méndez de Vigo, residente en la Coruña[30].

El 14 de noviembre la Junta da a conocer la petición formulada por el habilitado del Regimiento Nº 5 (antiguo Infante D. Carlos)[31] en la que solicita la provisión de vestuario para su cuerpo. Se le dice que acuda al Comandante General en 2º, a quien se le han remitido todas las prendas. En relación con otra solicitud de vestuario para los veintiún miembros del Regimiento de Fernando VII que componen la Guardia de la Junta (Compañía de Nacionales), se acuerda pasar oficio al Intendente para que les entregue uniformes al completo, incluidos los zapatos[32].

Como consecuencia de la comisión otorgada el 30 de noviembre de 1810 al Sr. Álvarez del Manzano para tratar con el Intendente la forma de ultimar el encargo solicitado por la Junta Superior para la fabricación de zapatos y vestuarios; el 1º de diciembre la Junta informa que, según la relación presentada por el Intendente, existe un depósito de quinientos capotes y otros tantos vestuarios, así como trescientos pares de zapatos y que, al mismo tiempo daba comisión a D. Casimiro Tagle para desplazarse a la villa de Ribadeo con el objeto de hacer acopio de cuantos zapatos estuvieren hechos por los artesanos del lugar. Asimismo, el Sr. Manzano expone a la Junta que ha pasado oficio al Intendente para que remitiese al Cuartel General del Ejército asturiano los quinientos vestuarios, capotes y zapatos que están ya almacenados, notificando, además, al 2º Comandante General para que curse los oficios correspondientes a los comandantes de los cuerpos a quienes deban ir destinadas las prendas, teniendo presente para este menester el estado de fuerza que presentan, advirtiéndoles que los capotes son para las tropas que componen las avanzadas, y, por lo tanto, no se entreguen prendas de esta clase a aquellos a los que se distribuyan uniformes, fundando esto en que, cuando se remitieron a disposición del Comandante los vestuarios anteriores, no se cumplieron los deseos de la Junta de que se distribuyesen a los individuos más necesitados de los regimientos; y que sería proporcionado el vestir a un sólo cuerpo en el caso que hubiese intención de uniformar a todos por igual. La Junta había mostrado su extrañeza por haber entregado la anterior remesa a un sólo cuerpo[33].

También, en esta sesión del 1º de diciembre, se da conocer un nuevo informe del Comandante General en 2º de las Armas del Principado, de fecha 27 de noviembre último, en el que reiteradamente manifiesta que las tropas de su mando carecen de calzado y que, por este motivo, están medio desnudas y, por lo tanto, no pueden efectuar movimiento alguno[34].

El 5 de diciembre de 1810, la Junta anuncia la salida de 1.700 pares de zapatos, 500 uniformes y otros tantos capotes a disposición del Comandante General en 2º.[35]

Dos días después, el 7 de diciembre, se cursan sendos oficios al Intendente solicitándole que no cese la fabricación de zapatos, al tiempo que deberá dar cuenta a la Junta del número que se encuentra almacenado para proceder a su remesa y, por último, que remita al Cuartel General 1.500 pares de zapatos de medida grande, claveteados y de buen material[36].

En sesión de la Junta de 9 de diciembre de 1810 se da comisión a los Sres. Álvarez del Manzano y Laguna para que intervengan las contratas de vestuario y zapatos; examinen su calidad, medidas y activen las providencias necesarias para que, cuanto antes y a la mayor brevedad posible, se hagan cuantos vestuarios y zapatos permitan las actuales circunstancias[37]. El 14 de diciembre se acuerda la fabricación de 4.000 pares de zapatos claveteados de la mejor calidad[38].

El 21 de diciembre de 1810, en sesión celebrada en Castropol, la Junta acuerda oficiar al Intendente para que entregue al coronel D. Agustín González treinta y cuatro pares de zapatos, y remita al Cuartel General aquellos otros zapatos y vestuarios que se encuentren ya a disposición del Comandante General en 2º para que los distribuya entre las tropas del Ejército en proporción a las mayores necesidades[39].

El 25 de diciembre de 1810 se vuelve oficiar al Intendente para que, de forma inmediata, remita al Cuartel General los 1.300 pares de zapatos ya concluidos, así como los vestidos y capotes de los que haya existencias a fin de que el Comandante General en 2º disponga su distribución al Ejército con proporción a sus necesidades[40]. En la sesión del día siguiente la Junta, teniendo noticia que varios soldados se dedicaban a la venta de zapatos, pantalones y otras prendas de vestuario destinadas al Ejército, incluido armamento, acuerda poner en conocimiento del Comandante General en 2º los hechos y que, por respeto a los paisanos, mandó fijar orden «para que persona alguna sea osada de comprar al soldado prenda alguna de vestuario ni armamento bajo la pena de perder la prenda y de veinte ducados y quince días de cárcel y al que no tuviese con que satisfacer la multa, doble prisión y más providencias»[41].

El 28 de diciembre la Junta, enterada que el brigadier Renovales tenía a su disposición cierta remesa de vestuario, acuerda solicitarle en calidad de empréstito y de reintegro dos mil vestuarios[42].

Por las diversas comunicaciones e informes que el Comandante General en 2º de las Armas del Principado periódicamente rendía a la Junta, puede advertirse que resultaba harto frecuente que aprovechara la circunstancia para solicitar prendas de vestuario y, sobre todo, zapatos por «la extrema necesidad de calzado y vestuario que tienen las tropas de su mando»; «las tropas carecen de calzado y, por este motivo, están medio desnudas...»; etc. Estas peticiones se repetirán, como un axioma, a lo largo de todo el año siguiente.

[1] CHARTRAND, ob. cit., anotación hecha por John Hunter en abril de 1809, PRO, FO 72/87.
[2] Según modelos de casaca existentes en el Halifax Army Museum y en el Canadian War Museum.
[3] Según la Gazeta de Oviedo, de 29 de julio de 1808, estaba formada por 500 granaderos del Regimiento de Hibernia. Esta cifra, por otra parte muy abultada, debe tratarse de un lapsus tipográfico, ya que la plantilla inicial era de 50 soldados (granaderos), al mando de un capitán.
[4] El Tigre era un antiguo buque de pabellón de guerra español que había sido capturado por los británicos en La Habana en 1762.
[5] AHA (Fondo Avilés). Signatura 333, f. 57.
[6] Idem, folio 57 vtº..
[7] Con estas prendas se pudo vestir en julio de 1809 a la división que, bajo el mando del General Ballesteros, se reorganizaba en el campamento de Contrueces (Gijón) para su incorporación al Ejército de la Izquierda.
[8] No obstante, el Regimiento de Villaviciosa recibiría el vestuario en Pola de Siero días más tarde, es decir, el día 1º de agosto de este mismo año y se componía en su totalidad de 600 casacas e igual número de calzones, chalecos y pares de botines.
[9] Relación histórica ...., ob. cit
[10] Un botón de idénticas características fue hallado durante unas excavaciones realizadas en el fuerte de San Gregorio (Méjico) y actualmente se encuentra en poder de un coleccionista norteamericano. El botón presenta una forma ligeramente convexa, propia de los botones de manufactura británica.
[11] AHN-ESTADO, Legajo 38-B, nº 120.
[12] El 13 de marzo de 1810 se comisiona al capitán Lugigo, del Regimiento de Fernando VII, para trasladar al cuartel general de Luarca un cargamento de ochocientos pantalones de lienzo para vestir a los cuerpos que más los necesiten (A.H.A. Libro 127). No cabe duda que estos pantalones eran para complementarse con la casaca roja.
[13] En el S.H.M.(Archivo Histórico Militar), Leg. núm. 8, Carp. 6, se conserva, al parecer, un ejemplar de este bando.
[14] Uniforme del que tenía conocimiento el enemigo cuando ocupó Asturias, ya que habían capturado algunos sobrantes.
[15] Actas de la Junta de Guerra creada en 1810 (Libro 127, Archivo Histórico de Asturias). En sesión del 15 de abril de 1810 acuerda publicar, con ligeras variaciones en cuanto a su redacción, el bando citado, que ahora aparece fechado el día 14 de ese mismo mes. Asimismo, el S.H.M. (Archivo Histórico Militar), Leg. núm. 7, Carp. 6, existe copia impresa del mismo.
[16] CASARIEGO, Jesús Evaristo: La Asturias Guerrera, Caja de Ahorros de Asturias, Oviedo, 1977, págs. 98 y 99, obra en la que me cupo el honor de colaborar con algunos dibujos de emblemas y condecoraciones.
[17] CASARIEGO, ob. cit., págs. 113 y 149.
[18] Idem, págs. 96 y 97.
[19] Idem, págs. 104 y 105.
[20] BLAKENEY, Robert: A boy in the Peninsular War. Ed. J. Sturgis, London , 1899.
[21] A.H.A, libro 127, fº 60.
[22] Se ignoran las condiciones establecidas para la confección de estos 2.000 vestuarios.
[23] A.H.A., libro 127, fº 21 vtº.
[24] Idem, libro 128, mes de octubre, folios 11 y 12.
[25] Idem, mes de noviembre, fº 2.
[26] Idem, pág. 6.
[27] El 6 de junio de 1810 la Junta acuerda que el Cuerpo Volante de la división del Brigadier Bárcena pase a denominarse Tiradores de Asturias.
[28] A.H.A., libro 128, pág. 11.
[29] Idem, pág. 18 vtª.
[30] Idem, pág. 19 vtª!.
[31] Este regimiento, al quedar sin efecto la reforma de los cuerpos propuesta el 4 de abril de 1810, debería denominarse Infante D. Carlos.
[32] Idem, págs. 20 y 21 vtª.
[33] Idem, mes de diciembre, págs. 1 y 1 vtª.
[34] Idem, pág 4 vtª.
[35] Idem, pág. 8 vtª.
[36] Idem, pág.10 vtª.
[37] Idem, pág. 18 vtª.
[38] Idem, pág. 28.
[39] Idem, pág. 43 vtª.
[40] Idem, pág. 56.
[41] Idem, pág. 58.
[42] Idem, pág. 60.

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