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06 Sep 2014

Alvaro Fernández Suárez

by Luis Casteleiro Oliveros
Publicado en Biografías

La historia de la literatura ha sido tacaña con Álvaro Fernández Suárez (Vegadeo, 1906-Madrid, 1990). Escritor polifacético, de múltiples caras que él mismo se ocupó de camuflar con los numerosos seudónimos que firmaban sus escritos —Fernán Alba, Juan de Lara, Adrien Lemaitre, Edmon Alphond, Volpone...—, es autor de 15 libros en los que cultiva prácticamente todos los géneros literarios: novela, relato breve, ensayo, teatro...

Y a esta producción en volumen habría que sumar una ingente y continuada obra periodística, que se inicia a la temprana edad de 17 años con la fundación de Ecos Vegadenses, el periódico más longevo e importante que ha tenido Vegadeo a lo largo de toda su historia.

Para contar en la historia de la literatura no le faltaron condiciones a Álvaro Fernández Suárez. De hecho, sus dotes de analista intelectual y de narrador justificarían sobradamente que este autor hubiese ocupado un lugar privilegiado entre los escritores hispanos del pasado siglo. Pero lamentablemente ese estatus no se adquiere sólo cuando acompañan las condiciones literarias, sino que otros condicionantes tienen también que ser favorables.

Y no lo fueron. Falló, por ejemplo, la historia política, que lo apartó durante varios años de la Península, y no le ayudó tampoco el haber sido siempre un hombre íntegro, fiel a sus convicciones, ni el haber optado siempre por el sentido común, que quizás fue el lugar menos frecuentado por sus contemporáneos en la época trágica y revuelta que le tocó vivir.

Álvaro Fernández Suárez nace en 1906 en Vegadeo, en el extremo occidental asturiano. Tanto es así esto de que nace en el extremo occidental que su casa natal está a escasos 50 metros de la ría que separa (o más bien une) Asturias y Galicia. Por esa razón al autor le gustaba decir que había nacido en una corriente de agua.

A ese extremo occidental asturiano estuvo siempre profundamente vinculado, a pesar de que las circunstancias personales e históricas le alejaron durante muchos de su tierra. Tras pasar su infancia y sus primeros años escolares en el entorno de la Ría del Eo, a la que dedicó algunas composiciones literarias de extraordinaria brillantez, su familia le envía a a San Sebastián para continuar sus estudios en el colegio francés de San Bernardo. Cariñosa y barojianamente, Álvaro Fernández gustaba de referirse a este periodo de su vida, entre Vegadeo y San Sebastián, como su personal «saga de hierro», en alusión a la importancia que este metal tenía en ambos lugares.

Su debut literario se produce con tan sólo 16 años, cuando un cuento suyo aparece publicado por entregas en el diario ovetense Región. En 1924, con tan sólo 17 años de edad, tuvo la idea de crear en su pueblo natal un periódico que fuese portavoz de la pequeña burguesía y del artesanado de la villa, contribuyendo así al engrandecimiento cultural, moral y económico de Vegadeo. Nació así Ecos Vegadenses, publicación quincenal que vivió entre 1924 y 1938. No obstante, Álvaro codirigía el periódico desde la distancia, desde Madrid, adonde se trasladó para iniciar sus estudios universitarios en Derecho. Entre sus profesores estaba el asturiano Adolfo Posada, que enseñaba Derecho Político desde los principios de la filosofía krausista y en cuya Cátedra Fernández Suárez colaboraría al finalizar sus estudios.

Su paso por la Universidad fue breve, pero posibilitó la aparición de su primer libro, publicado en 1930 y que lleva por título España. Su forma de gobierno en relación con su geografía y su psicología. Se trata de un tratado de Derecho Político en el realiza una defensa filosófica del sistema republicano. En su opinión, la geografía del país y la forma de ser de sus gentes exigen como forma de gobierno una República Federal de carácter mixto (ni parlamentaria pura ni presidencialista pura).

Tras la publicación de este volumen, que fue muy valorado, Fernández Suárez pasa a ser considerado uno de los valores mejor cimentados, más firmes, de la intelectualidad española. Su nombre empieza a sonar con fuerza en tertulias y periódicos, y desde este año 1930 los éxitos se suceden tanto en lo profesional como en lo literario: así, consigue por oposición una plaza en un prestigioso Cuerpo de la Administración Pública (el de Técnicos Comerciales del Estado) y publica dos nuevos libros (ensayos) muy bien recibidos por la crítica tanto en España como en el extranjero.

Su fama ganaba en amplitud y consistencia, y las condiciones parecían ser propicias para que se convirtiese en un escritor de referencia, pero el estallido de la Guerra Civil lo cambió todo: la historia de España y la historia personal de Fernández Suárez.

Cuando se produce el levantamiento militar el 18 de julio de 1936, Fernández Suárez se encuentra en Roma, trabajando como agregado comercial en la Embajada de España. Un grupo de falangistas, entre los que se encontraba el escritor César González Ruano, toma al asalto la Embajada, secuestra a los funcionarios y exige al embajador que entregue el edificio. Pese a la situación difícil que se vive en la Embajada, Álvaro reafirma su voluntad de servir a la República y es trasladado a París, donde en teoría debería seguir ocupándose de asuntos relacionados con el intercambio comercial. En la práctica, no obstante, su función fue la de servir de enlace para la compra de armamento.

En noviembre de 1936 es reclamado por el Gobierno de la República y vuela desde París a Madrid en compañía de André Malraux, que iba a España para incorporarse a las Brigadas Internacionales, que se estaban constituyendo en estas fechas.

Hasta el final de la Guerra, Fernández Suárez permanecería junto al Gobierno de la República, pasando de Madrid a Valencia y posteriormente a Barcelona. Cuando finalmente se produce el derrumbamiento militar de los republicanos, se exilia: primero en Orán, después en Francia (en un pueblo de la costa donde tiene como vecino a Manuel Azaña) y, cuando el estallido de la Guerra Mundial es inminente, a Uruguay.

En Montevideo los primeros meses fueron extremadamente difíciles, trabajando de sol a sol en empleos mal remunerados. La escritura quedó aparcada hasta que conoció a Carlos Quijano, el doctor Quijano, que le ofrece una colaboración en el semanario Marcha, en el que populariza el seudónimo "Juan de Lara". Esta colaboración supuso su reintegración a la vida intelectual. Durante su estancia en Uruguay publicará 3 libros que tuvieron extraordinario éxito.

En 1949 decide cruzar el Río de la Plata y trasladarse a Argentina. Buenos Aires era entonces una ciudad casi europea ("casi París", había dicho unos años antes Rubén Darío) donde había un ambiente intelectual rico en el que podía integrarse con facilidad gracias a su amistad con Guillermo de Torre, Jorge Luis Borges, Francisco Ayala o Victoria Ocampo. Durante los años de estancia en Argentina fue colaborador asiduo de la revista Sur, dirigida precisamente por Victoria Ocampo, y en la editorial del mismo nombre publicó Fernández Suárez su primer libro de cuentos: Se abre una puerta...

En 1954, favorecido por una serie de disposiciones que posibilitan el regreso a España de los funcionarios que no tuviesen crímenes de guerra, Fernández Suárez decide volver a España.

En España tiene que tallarse de nuevo un espacio, y para ello contó con la ayuda de dos personas: el editor Manuel Aguilar, que ya antes de la Guerra española había publicado 2 de sus libros y que ahora editará otros 5; y Juan Fernández Figueroa, director de la revista Índice de Artes y Letras, que va a incorporar a Álvaro a su plantilla.

El mayor reconocimiento de esta última etapa de su vida lo obtuvo en 1983, cuando fue finalista del Premio «Espejo de España», convocado por la editorial Planeta, con el libro El pesimismo español.

En 1990 fallecía en Madrid. Había publicado 15 libros de varios géneros y centenares de artículos.

Fernández Suárez pagó una factura personal importante por sus posicionamientos ideológicos. Durante muchos años su obra, muy significativa en el panorama literario español del siglo XX, se vio limitada a los rincones de algunos manuales de literatura y a los recuentos académicos relativos a los autores del exilio republicano. No obstante, hay sólidas razones para considerar a Álvaro Fernández Suárez uno de los escritores más importantes del siglo XX español.

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