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revista g

07 Feb 2007

Manuel Pérez Fernández

Ha sido la década de los año 20, del pasado siglo, una de las más florecientes en las diversas artes de la cultura, que ha visto nacer y crecer importantes generaciones de artistas. Vegadeo también aportó su granito de arena en este campo.


Recuerdo, por reciente e imperecedera, la desaparición del genial escultor César Montaña, nacido en 1928, y descubro casi a la vez, influido por el subconsciente, la existencia de otro artista veigueño, cuyo recuerdo permaneció dormido en la materia gris de mi cerebro por más de 35 años. Se trata del pintor Manuel Pérez Fernández, de La Pumarega , afincado en Oviedo desde el año 1956.
Lo que antecede es más o menos el encabezamiento de un extenso trabajo realizado sobre este pintor, que si nada lo impide será publicado en el Periódico La Vega. Pienso de todos modos que, en esta excepcional ocasión, es obligado hacer una pequeña referencia sobre este artista veigueño.
Así pues, por esta vez me limitaré a reproducir algunas de las publicaciones aparecidas en diferentes medios sobre Manuel Pérez.

Enciclopedia Asturiana:

"PÉREZ, Manuel. Pintor. Nació el 27 de noviembre de 1927 en Pumarega (Mere­do, Vegadeo). En 1956 se traslada a Lla­maoscura, La Manjoya (Oviedo) y se dedica a varios trabajos hasta que en 1969 contrae, a causa de aquéllos, una grave enfermedad. En este mismo año comienza a dibujar y pintar, materiali­zando así una vocación que hasta enton­ces no había podido poner en práctica. En 1975 celebra su primera exposición individual, en Oviedo, y presenta luego otras que obtienen gran aceptación. Aun­que casi toda su obra está realizada en la modalidad de la acuarela, frecuenta asi­mismo el dibujo a lápiz -de notable perfección- y el óleo. Su dedicación ar­tística se caracteriza por un afán de bús­queda e investigación, así como por la laboriosidad de ejecución y la responsabi­lidad con que afronta su obra. Dentro de la evolución que se advierte en M. Pérez -así firma sus cuadros- se evidencia una constante que se caracteriza por la sutilidad con que aborda el realismo. (L. C.)"

Juan Cueto Alas. Catálogo exposición Sala Murillo (Oviedo) 11/25 Octubre 1980.
Luces del Norte:

"Viene del Norte esta luz que empaña el aire. Somos hijos de la niebla, decía el también asturiano Pérez de Ayala, y quién la ha llamado en sus fuentes -"leche densa de las tetas negras de la tierra"- la arrastrará por la vida inscrita en lo más hondo de su existencia. Descreo de las señas de identidad pero reconozco a los míos por el tatuaje brumoso que se nos pone en la mirada. Niebla en la mirada limpia de Manuel Pérez. Luces inconfundibles del Norte en estos cuadros sin estridencia retórica que nos hablan a través de la sordina calinosa, con el inconfundible sonido de las nostalgia húmeda, de un primitivo escenario de vastos contrastes que la niebla logra integrar, recortando la brutalidad de las altas cumbres astures e impidiendo la infinitud atroz de la mar tenebrosa.
Luz de la niebla norteña que difumina las evidencias, disipa la obviedad, rebaja las im­posibles certezas, asola las fronteras y liquida al riesgo de la repetición. Que es la niebla el arte de las diferencias sutiles: discurso por donde transcurre la ambigüedad, género. narra­tivo de la incertidumbre, superficie expresiva de la duda y soporte favorito del escepticis­mo, del humor, de la pluralidad de respuestas y de la aleatoriedad de los orígenes.
También del Norte venía aquella luz romántica e imaginativa de Turner el trastocador incansable de las antiguas convicciones del paisaje ideal, el profanador que logró hacer pasar por acuarelas sus óleos neblinosos. Invierte Manuel Pérez los términos Turnerianos porque estas acuarelas semejan óleos al cabo de un proceso que intuyo complejo e ingenuo a la vez. Y en este simulacro natural que surge al margen de academias, influencias, escolanías, tabúes imaginarios y demás artificios, descubro yo el síndrome de la genialidad esti­mulante de estas acuarelas que ponen en evidencia el viejo tinglado de la farsa acuarelista: la falacia del paraje naturalista. Se enfrenta Manuel Pérez al paisaje asturiano desde el propio paisaje y desprovisto de prejuicios y. por esa ya casi imposible ingenuidad este hom­bre que fué pastor y peón, que vivió la naturaleza desde sus manos, logra transgredir como por acaso, con pasmosa elegancia y fluidez la censura obscena de lo realista.
A fin de cuentas, el PAISAJE AMENO de la pintura y de la literatura, desde Virgilio hasta los aficionados de domingo, no es más que un tópico sin excusa cuyos tratos con la naturaleza son espléndidamente imaginarios, ese LOCUS AMOENUS que todavía sigue confundiéndose con la mismísima realidad forma parte de los tropos principales de las retóricas, incluso se trata de una de las figuras más fuertemente codificadas, construidas alrededor de los cinco elementos primordiales del PAISAJE IDEAL de la cultura de Occi­dente -"el árbol, el arroyó, el prado, la brisa y la nube"- y que se transmite de generación en generación desde los tiempos inmemoriales. Tenia Manuel Pérez a su disposición un escenario NATURALMENTE IDEAL en las Asturias de Oviedo para el desarrollo brillante de esta retórica antigua de siglos. Pero sabe este hombre de la ría del Eo que esos parajes solo están en los tratados, en la imaginación de las academias, que la realidad sin comillas siempre es más compleja que él realismo.
Precisamente por esa fidelidad hacia estos mares invadidos por las nebladuras matinales y estos valles en donde se vaporizan los cielos con la tierra, culto tribal a la Naturaleza, va transformándose Manuel Pérez, sin el pretenderlo en pintor abstracto. Por algo no figuraba la niebla entre los TOPICA del LOCUS AMOENUS. Pues la niebla TAMBIEN es abstrac­ción. O mejor: la naturaleza de lo abstracto.
Hijo de infinitas nieblas, pintor de mirada brumal, luces del Norte que tuercen los códi­gos y diluyen las falsas evidencias, pastor sin fronteras, peón espontáneo y de imprevisible rumbo en el ajedrez nada ingenuo de estos salones metropolitanos: os presento a MANUEL PEREZ."

Son numerosas e incontables las publicaciones y críticas sobre este pintor. Escojo para terminar esta breve reseña lo escrito por César Montaña con motivo de una exposición de acuarelas de Manuel en la Galería de la Caja de Ahorros en Oviedo.


"Cincuenta acuarelas de Manuel Pérez Fernández quedarán expuestas a partir de mañana en la galería de la Obra Social y Cultural de la Caja de ahorros.
«Es una satisfacción dar testi­monio, de este hombre de mi tierra -escribe César Montaña en el catálogo-, ayer, artesano entre las gentes de los valles del Suarón, desarraigado luego, como tantos otros, atraído por un prometedor trabajo en la industria... y devuelto ahora a su des­tino, marcado por invalidez laboral irreversible, Circunstancia en este caso motivadora del reencuentro del hombre con su sen­sibilidad originaria, emergida como nostalgia -emocional del paraíso perdido: la naturaleza, vista a través de unas acuarelas, frescas, espontáneas, ingenuas.....»

 

Por último, decir que, hablando con Elena Lehmann, viuda de César Montaña, me cuenta de la amistad con Manuel Pérez; con el que departieron entrañables momentos, fruto de los cuales descubrieron las excelencias de las ceras de La Pumarega, que luego César utilizó para modelar muchas de sus obras, entre ellas la Venus Algálica.

José Fernández Mesa

Vegadeo, 1955

 

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