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02 Mar 2009

La imprenta musical de Angel Julián

by José Antonio Carro Celada
Publicado en Música

En el número 10 de la antigua calle de la Cubera de Astorga, a un tiro de piedra de las imprentas de Fidalgo y Revillo, tenía su vivienda y taller de artes gráficas Angel Julián. Era un astorgano muy popular, de barba bradominesca, corazón musical y amante de las letras escénicas.

Poseía una espléndida biblioteca, un regio piano en el que recibió sus primeras lecciones Evaristo Fernández Blanco, una simpatía que supo transmitir a sus festivas piezas teatrales y una cordialidad a prueba de tertulia literaria.
La banda sonora de aquella vieja rúa, hoy presidida por una lápida dedicada a Concha Espina, permitía oír el murmullo escolar del Colegio de los Hermanos, los estudios pianísticos de Angel Julián o de sus hijas y un rumor algo más lejano e interior debido al tráfico de la imprenta.
No podía ser de otro modo. La imprenta de Angel Julián tuvo mucho que ver con la artesanía gráfica y con sus aficiones personales. Las publicaciones periódicas de la ciudad salían en otras imprentas -la de Fidalgo, López, Revillo, Sierra- que aceptaban, a su vez, trabajos industriales complementarios. La de Angel Julián se especializó en otras galanuras gráficas que aplicó a trabajos de carácter empresarial estampando con procedimientos cromolitográficos envolturas de libras de chocolate o de cajas de mantecadas. Casi todos los impresores astorganos trataron, con el tiempo, de ganarse el goloso mercado local e introdujeron la modalidad litográfica ya que permitía vistosos resultados publicitarios.
Lo que nadie más que Angel Julián hizo en Astorga fue editar música. En primer lugar, su propia música, pero también la de otros compositores astorganos. Instaló en los bajos de su casa una rareza gráfica, una de las pocas imprentas musicales que había entonces en España. Algo así como una Ricordi astorgana. El propio Angel Julián dibujaba sobre papel, con tinta grasa autográfica, el pentagrama y la notación musical para después calcarlos en piedra caliza y hacer la tirada con una máquina de imprimir litoplana. El acabado del trabajo, artesanal donde los haya y, sobre todo, la fiabilidad que otorgaba un autografista tan experto en música como el propio impresor hizo correr la voz por toda la península de que en Astorga había una imprenta musical de prestigio. Bien puede decirse que la música publicada, entre los años veinte y los cuarenta, con este pie de imprenta, supone una curiosidad en la historia de las ediciones musicales españolas.
Aquí se editaron libretos y partituras de zarzuela, música para acompañar proyecciones de cine mudo, pasodobles, tangos, foxes, himnos, canciones populares de casa y de fuera, con unas modalidades de presentación, en cuanto a ilustraciones de portada, muy originales, variadas y acordes con los gustos en boga. En más de una ocasión Demetrio Monteserín dibujó portadas de vistosa escenografía, muy a tono con el modernismo galante que le había cautivado en sus escapadas francesas. Aparecen firmas de ilustradores poco conocidos o ignorados y bastantes portadas sin firmar. Entre éstas merecen especial atención, por razones de creatividad gráfica, muchas rotulaciones montadas y enmarcadas con cuerpos tipográficos exóticos o con la rica utillería ornamental de la imprenta.
Hay un buen número de músicos, letristas e ilustradores astorganos editados por Angel Julián, entre ellos los autores que se interpretan en este concierto. Por esta vez, y en homenaje a su editor, la partitura es algo más que un soporte musical, es un producto gráfico, artesanal, novedoso en su especialidad, que contribuye a escribir un armonioso capítulo de la historia de la imprenta en Astorga.
Autor: José Antonio Carro Celada

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